Déjate llevar por tus sueños. El cuento de Milano y Cascarón.

Déjate llevar por tus sueños. Un Cuento para pequeños y grandes navegantes…

Por todos los marinos es conocida la leyenda de un niño llamado Milano que  decidió fabricar un velero que por nombre puso Cascarón. El sueño que invadía su cabeza y su corazón día tras día era el de aventurarse durante varios años de su vida a cruzar los océanos para perseguir piratas, para navegar en las noches de tormenta y disfrutar de las estrellas bajo la luz de la luna y la sombra de sus velas; para sentarse en la proa de su barco y contemplar el inmenso azul del mar y el incierto horizonte donde le esperaban millones de islas que descubrir, de paisajes que no cabían en su imaginación, de animales que conocer y personajes de otros mundos con los que conversar.

milano-y-su-velero-822x1024Una vez en puerto, con todo preparado, a punto de partir para vivir la aventura de su vida se propuso un primer objetivo: Perseguir al viento y hacerle preso de su barco para que le acompañara siempre a lo largo de su viaje.

Era una noche fría y el viento parecía esperarle enfurecido tras cruzar la bocana de la bahía que protegía el puerto. Las olas eran grandes, también enfadadas como si intuyeran los planes de Milano y Cascarón, se tornaban casi negras y la espuma en sus bruscos movimientos se veía a lo lejos cuando azotaban las rocas de los acantilados a las afueras de la bahía. Todos los barcos de los pescadores y marineros del pueblo se cobijaban amarrados en el puerto, pero Milano no podía perder la oportunidad de salir con su velero y atrapar al viento con sus velas. Así pues, arrancó el motor de su pequeño barco que no llegaba a los treinta pies de eslora, soltó amarras y salió con decisión y valor en busca del viento que soplaba fuertemente.

Pocos metros pasando el espigón, Milano aproó el barco y con fuerza agarró las escotas para izar la vela mayor, que comenzó a elevarse lentamente por el mástil y a desplegarse bajo un gigantesco  manto de nubes negras. A continuación el mismo movimiento pero mucho más rápido tirando de  la escota para templar el foque.

 

El barco escorado sobre las aguas de aquella noche y navegando a toda vela y Milano agarrando fuertemente el timón de Cascarón comenzó a chillar al viento: “ Viento, viento!! He venido a llevarte conmigo, quiero cruzar los mares en mi velero y necesito tenerte a mi lado!” El viento respondió azotando el barco con brusquedad, las olas se rompían en mil pedazos que caían sobre el chico,  mojando su pelo, su ojos y los labios que saboreaban con miedo la respuesta de la mar salada, pero Milano, que era un buen navegante supo controlar la situación durante bastante tiempo.

Tras fuertes trasluchadas y muchas horas  intentando atrapar al viento, Milano, tras un brusco empujón, cayó sobre la bañera de su barco golpeando su cabeza  y quedando inconsciente tendido en cubierta.

Dulce paradoja del destino: Viendo el viento a Milano tendido en cubierta indefenso y desvalido decidió hacerlo preso cual marioneta manejada por sus hilos.

 

A la mañana siguiente Milano despertó bajo la intensa luz del sol, se encontraba navegando en un inmenso mar de nubes gobernado por el viento, su velero no hacía caso a sus maniobras ni a sus llamadas: “Cascarón, Cascarón, ¿qué haces? ¡Soy yo el capitán de este barco!  ¿Quién ha puesto tu rumbo? ¿Quién ha orientado tus velas? ¿Quién te hace caminar hacia ninguna parte?

Tan solo un susurro del viento encontró como respuesta, era el viento quien gobernaba su velero y preso de él se encontraban Milano y Cascarón, enfurecido puesto que su presa se convirtió en su captor cayó en la resignación y decidió disfrutar el viaje.

Preciosos días de navegación, largas singladuras, hermosos cielos estrellados…

El viento tenía citas con todos los mares del mundo, no podía dejarse ni uno.  Allá donde iba el viento Milano y su barco le acompañaban. Milano descubrió paisajes de ensueño, arrecifes de coral con una vida que no parecía ser de este mundo. El viento le traía de vez en cuando alguna gaviota, y el mar de vez en cuando asomaba su sonrisa a través de los delfines.

En las grandes encalmadas que hay en los océanos nadie pudo ver a Cascarón, sin embargo, allá donde el viento soplaba con fuerza quien no ha visto a Cascarón alguna vez lo ha escuchado rompiendo las olas con su proa.

Moraleja: Dejate llevar por tus sueños!

 

Déjate llevar por tus sueños. El cuento de Milano y Cascarón
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