SE SUCEDEN LOS DÍAS

 

Estamos ya bastante recuperados y bien acostumbrados al movimiento del barco, lo que se dejará notar en la cena. Dedicamos un buen rato a la cocina para preparar unas deliciosas crepes, no recordamos bien la receta pero con las aptitudes culinarias que posee Adolfo sería capaz de hacerlos aunque no se hubieran inventado todavía. Como siempre, el primer crepe, que suele salir mal, sale impecable, casi que será el mejor de todos, un poco más de mejunje en la sartén y al instante se dibuja el siguiente, una suave gesto de muñeca, un aúpa y voltereta, ni una gota derramada y van llegando el resto al plato.

 

A los pocos minutos nos sentamos en la mesa con una comida espléndida ante nosotros que saboreamos con placer. Llega de nuevo la noche, aún hace frío así que salgo bien abrigado, mis dos compañeros se han acostado ya y en cubierta me espera el lugar de mis divagaciones, el barco navega suave y erguido, no se le nota cansado a pesar del gran esfuerzo de los días pasados.

 

En la cubierta del velero la gélida noche espera compañía, es tan intensa la oscuridad que el cielo se dibuja nítido y hermoso, más tarde aparece la luna y lo cubre todo con un leve halo luminoso, parece mancharlo todo de blanco pardo pero a su vez destapa el precioso entorno que me rodea, su delicado manto sedoso es suficiente para reflejar infinitos destellos sobre el agua, dejando ver la mágica forma que adopta el mar cuando baila por las noches, el barco parece ser su pareja y lo sube y baja, lo balancea y escora al compás del silencio roto tan solo por sus pasos, es tan relajante su sonido que me envuelve en una nube donde estoy solo con mis pensamientos, es la banda sonora que el mar pone a mi película.

 

Escondo la luna con la mano y dejo ver de nuevo las estrellas en el cielo, extiendo un poco los brazos, los alzo ligeramente y no lejos de mi nace una ola, nos sube con su hocico al lomo y cabalga con nosotros, chasqueo los dedos y aparece una gaviota graznando incoherencias, un chasquido más la hace caer en silencio, extiendo más enérgicamente mis brazos y los delfines saltan a nuestro lado, tan y tan alto que casi vuelan, un suave gesto de mis manos y el fluorescente placton ilumina el océano, cambia los colores con cada salto de delfín, en este momento soy el mago de la noche, el dueño de mis deseos, el guardián de la mar oceana….¡¡un dos tres despierta….!!, dijo mi reloj, y abro los ojos al escuchar su campana que cada 10 minutos suena, nada por delante, nada por detrás, las olas parecen venir solas, se apagaron las luces, ya no saltan los delfines y desapareció la gaviota, un velero de desliza con dulzura por el agua, al parecer la magia despertó conmigo.

 

Tres horas lentas pasan, y la magia de la noche deja paso al corto pero agradecido sueño con mi pequeño compañero de pelo blanco, en cuanto bajo y me desvisto escucho como salta de la cama de Adolfo donde estaba durmiendo, pronto ha percibido el cambio de guardia y se cambia de camarote donde sabe que va a llegar el nuevo tripulante, le costó tan solo un día conocer la rutina nocturna, y como bien es sabido que le gusta dormir en compañía, él también hace sus cambios de guardia de una cama a otra, puede que sea ese su cometido, velar por el descanso de los guardianes y asegurar así la integridad del equipo ofreciendo el calor necesario para que se despierte fresco y recuperado.

 

Ver también:

Escapar de ningún sitio.

Escapar de ningún sitio, Naveganado hacia Canarias.

Escapar de ningún sitio, últimos días.

Escapar de ningún sitio, se suceden los días
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