Consejos para aparejar tu velero

Cada velero refleja en su maniobra parte de la personalidad del propietario, muchos son los trucos y mejoras que se pueden hacer para adaptarla a los gustos y costumbres de cada navegar.

Cuando nos planteamos adaptar la maniobra o personalizarla, conviene conocer muchos de los sistemas disponibles y maneras de reenviar los cabos para hacer más fácil el uso del velero.

Los barcos de serie vienen ya muy optimizados y pensados para hacer la vida del marinero más fácil, pero aún así cada modelo cuenta con sistemas particulares que pueden no ser del agrado del armador, y los barcos más antiguos suelen disponer todos los elementos de forma poco eficiente haciendo las maniobras mucho más arduas y costosas.

Tanto en un caso como en otro vamos a plantear posibles mejoras que pueden ayudar a adaptarnos el velero a nuestras necesidades particulares.

Empezaremos hablando de las velas, del izado y del trimado. Ni  que decir tiene que la mejor situación para subir la vela mayor es desde la bañera, aunque siempre es un poco más costoso debido al número de reenvíos, pero los veleros que tienen las drizas en el palo pueden hacer peligrosa la maniobra en condiciones de mal tiempo, donde es muy aconsejable no salir de la bañera. Es muy importante que la vela corra limpia por el rail del mástil, para ello se pueden encontrar en el mercado por parte de varias marcas carriles con rodamientos que hacen deslizar los patines de la vela con una finura extrema, estos sistemas son realmente caros, pero existen alternativas más económicas para conseguir un resultado similar, como son los patines de teflón con rodamientos que se instalan en el mismo rail del palo sin añadir todo el largo de carriles. No son tan eficientes pero funcionan francamente bien, y permiten bajar la vela rápidamente simplemente dejándola caer sin tener que ir al palo a recogerla. Con un buen sistema de patines la vela se puede recortar incluso sin aproarse al viento, y aún diría más, con la vela templada a un descuartelar se puede llegar a tomar un rizo sin variar el rumbo, lo único que nos va a limitar la maniobra es el rece de la vela por los obenques de sotavento, pero ya supone una inmensa ventaja el no tener que aproarse, lo que implicaría recoger la Génova y complica mucho más el proceso, sobre todo teniendo en cuenta que cuando realizamos esta operación suele ser en condiciones malas de navegación.

Para conseguir que la vela deslice con soltura tenemos que tener también muy limpia toda la línea de la driza, y utilizar buenas poleas en la base del palo que rueden con suavidad, al igual que las poleas de reenvíos, las cuales conviene lubricarlas de vez en cuando con aceite de teflón antipartículas. Otro aspecto importante que afecta en la suavidad de maniobra de la driza es la mordaza o stoper, que tiene que dejar correr bien el cabo, muchas veces colocamos cabos exageradamente gordos por la seguridad que nos brinda cuando lo miramos, y en muchas ocasiones es totalmente innecesario, y el sistema funciona mucho mejor disminuyendo la mena de la driza.

Otro aspecto importante donde vale la pena pararse con detenimiento es el sistema de rizos. Como hemos mencionado anteriormente los rizos se manipulan en momentos delicados, cuando el viento arrecia con fuerza y como consecuencia el mar se embravece, y todo lo que sea bajar la velocidad del velero supone ser zarandeado con fuerza por las olas, haciendo peligroso el manejarse sobre cubierta. Es por eso que conviene tener reenviada toda la maniobra de los rizos a la bañera de forma que no sea necesario salir de ella para reducir trapo.

Muchos veleros más antiguos conservan el sistema tradicional de argolla en el puño de amura con unos ganchos en el pinzote de la botavara donde se enganchan, y el cabo del puño de escota o de baluma reenviado al palo o a la bañera, en cualquier caso es necesario ir a la base del palo para enganchar el ollao delantero en el gancho, para posterior mente trimar la vela. Existen dos sistemas principalmente para reenviar la maniobra a la bañera: el primero con un solo cabo que coge los dos puños, y es reenviado pasando por el puño delantero, luego atraviesa la botavara, pasa por el puño de baluma y muere en la botavara, de forma que con solo tirar de este cabo la vela baja y se fija a la botavara, quedando sujeta por ambos puños. Este sistema aunque funciona, es muy impreciso, cierto es que al final la vela queda recortada pero debido a que un solo cabo debe trimar diferentes puntos de la vela, donde necesitaría diferente tensión, y debido a que con tanto recorrido y tanto reenvío no podemos regularlo allá donde queremos, hacen que para los navegantes más exigentes se les que de inadecuado este sistema. La otra forma de conseguirlo es utilizando un cabo por cada puño, de esta manera podemos templarlos por separado y darle el punto de tensión a cada parte de la vela. La contrapartida es que necesitamos el doble de stopers y poleas de reenvío, pero vale bien la pena cuando tenemos que realizar esta maniobra en algún momento comprometido, y es seguro que agradeceremos bien el esfuerzo de la instalación. Con este sistema la maniobra comienza por soltar la driza mientras se cobra del cabo de puño de amura hasta llevarlo al sitio lo más bajo posible, se templa la driza, después se cobra del cabo de puño de baluma hasta afirmarlo a la botavara, y por último se trima la escota para su correcta orientación.

Utilizando este último sistema de rizos junto con un buen rail con rodamientos en el grátil, la toma de rizos resulta realmente sencilla y cómoda pudiendo realizarla casi a rumbo, y para largas travesías donde el velero se somete a condiciones duras de navegación es muy aconsejable facilitar esta maniobra y hacerla sencilla y segura.

Otro aspecto importante a tener en cuenta son los refuerzos en la vela mayor donde roza contra los obenques y crucetas. Cuando navegamos con vientos portantes la vela debe ir muy abierta para aprovechar su área, y depende de cada barco pero suele apoyar  tanto en los obenques altos como los menores, y por supuesto en las crucetas. Cuando compramos una vela para nuestro barco nos la dan adaptándose a unas medidas de mástil y botavara, pero en la velería no saben donde tenemos las crucetas y obenques. Es una vez colocada donde podemos marcar las líneas de fricción y colocarle refuerzos de dacron, sobretodo en la parte más alta de la vela que es la que antes llega a tocar pudiendo dañar las costuras.

En las mismas condiciones de navegación con vientos portantes también tenemos que prestar atención a las trasluchadas del velero con el consiguiente impacto de la botavara barriendo toda la cubierta del velero muy peligrosamente. Esto lo podemos evitar utilizando una retenida para la botavara, lo cual es un elemento más en la maniobra que tenemos que ubicar entre el resto. Existen frenos de botavara que funcionan a la perfección, pero son igualmente caros para lo que son y es raro el navegante que acaba comprando uno. Si no se puede usar un cabo por cada costado pasándolo por una polea de reenvío dispuesta en algún lugar lo suficientemente abierto como para que cuando la botavara está muy abierta deje este cabo con un tiro lo más perpendicular posible. Igualmente podemos con pericia reenviarlo también a la bañera para hacer más cómodo su utilización.

Una solución menos sofisticada pero igualmente efectiva es utilizar un aparejo de poleas violín de colocación rápida con mosquetones y usarlo de quita y pon cuando lo necesitemos, con el que podamos tensar el aparejo y retenerlo con la mordaza que lleva la propia polea, la cual la podemos fijar por ejemplo en la cornamusa central del barco, o en caso de no disponer pues al cadenote de la jarcia.

En cuanto a la vela de proa ni que decir tiene que un enrollador es algo casi vital hoy en día, la maniobra de sacar la vela y recogerla es muy sencilla, únicamente requiere comentario el sistema de retención del cabo del enrollador. Lo más conveniente, seguro y cómodo es utilizar un stoper en la banda para retenerlo y soltarlo con rapidez. Detrás con una polea podemos reenviarlo a un winch para cuando tenemos que recogerla con mucho viento y no podemos a mano.

El recortar la superficie de vela es algo tan sencillo como enrollar hasta el punto que deseemos. Llega un momento que si la tenemos que recortar demasiado la vela queda demasiado embolsada y nunca podemos templarla correctamente, para traveses o rumbos portantes no es influye demasiado pero en las ceñidas se nota muchísimo. La única manera de mejorar esto es instalar una vela trinqueta, que no es más que otra vela de proa que va por detrás de la Génova y es mucho más pequeña, y para cuando la Génova ya queda demasiado recortada la guardamos empezamos a usar esta, la cual a su vez la podemos instalar sobre n enrollador y la podemos recortar de la misma manera. La colocación de la trinqueta necesita prestar atención al lugar donde se instala, pudiendo ser a tres cuartos de palo o en el “casi tope”, justo debajo del estay de Génova.De la primera manera deberemos instalar unas burdas para compensar el esfuerzo del mástil debido al estay de trinqueta, lo cual supone un elemento más en la maniobra que la complica, aunque tampoco demasiado, pero si lo instalamos junto al de Génova nos ahorramos las burdas ya que con tan poca distancia hasta el tope no es necesario compensar sus esfuerzos hacia popa porque el backstay queda muy cerca.

Para rizar el rizo y hacer más cómoda la maniobra de la trinqueta la podemos hacer autovirante, para lo cual necesitamos una vela que no sobrepase el mástil hacia popa, de forma que pueda pasar de un lado a otro en la virada sin tener que “esquivar” el palo. Para manejar esta vela necesitamos un sistema en el que la escota corra sola de una banda a otra, esto se puede conseguir con una botavara que pivote en el propio estay o cerca, y una sola escota que desde el puño de la vela pase por la cabeza de la botavara y se reenvíe a la bañera. Esta botavara lleva un trimado exactamente igual que el de la vela mayor, de manera que vira sola sin tener que amollar y cobrar escotas.

Otra forma de hacerla autovirante es utilizando un carril con un carro que circule de una banda a otra dispuesto lateralmente justo delante del palo. De forma que la escota de la vela pasa por la polea del carro y sube a medio palo para entrar en él y bajar hasta su base y poder ser reenviado a bañera como cualquier driza. Con este sistema una vez sacada la vela, pasa sola de un lado a otro moviendo el carro libre por toda la banda, y es mucho más limpio que el anterior y nos ahorramos la botavara.

Un elemento más que requiere mención, sobre todo en barcos de eslora superior a los 12 metros, es el winch de maniobra eléctrico.

Con lo expuesto anteriormente hemos conseguido una maniobra de un velero muy completa donde podremos hacer frente a duras condiciones de una forma más o menos cómoda y segura.

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