ESCAPAR DE NINGÚN SITIO  –  PRIMEROS DÍAS HACIA CANARIAS

Tres días de temporal nos retienen en el Puerto de la Línea, junto a Gibraltar, un magnífico lugar de recalada a un precio más que asequible que choca con cada una de las paradas que hicimos hasta entonces.

 

No hay muchas cosas que hacer, el barco está preparado, tiene comida y bebida como para pasarse en alta mar hasta después del verano, así que matamos el tiempo de cervecería en cervecería, buscando entre los subterfugios más escondidos del entramado urbano que se abre delante del puerto, momentos en los cuales se habla de todo tipo de temas menos de barcos, veleros, lanchas, motoras, palos, velas o cualquier cosa relacionada, parece como si nos preparásemos para la sobredosis de mar que  nos vamos a meter.

 

Llega el día de la partida, el viento no ha amainado del todo, sigue soplando con fuerza del noroeste, pero según las previsiones debe rolar al norte a media mañana, justo cuando calculamos que dejaremos atrás la punta de Tarifa y pondremos rumbo a Canarias.

 

Una vez fuera del puerto, tras una maniobra de desatraque algo delicada, cruzamos la Bahía de Algeciras haciendo eslalon entre mercantes fondeados, navegando a 7 nudos con apenas media Génova fuera. No hay muchas olas por la protección de la costa, la cual dejaremos al entrar en el Estrecho.

 

Nos aconsejaron muy encarecidamente que navegáramos pegados a la costa española, ya que la corriente entra en el Mediterráneo y se pueden llegar a sentir más de 2 nudos en contra, al parecer disminuye y casi se deja de notar en las proximidades a tierra, y por lo escuchado cuanto más próximo mejor, al menos con vientos contrarios que no te empujan con fuerza como para superarla, lo cual hay que decir que suele suceder la mayor parte del tiempo con el viento de levante, el cual predomina todo el año excepto por supuesto, cuando intentamos pasar nosotros.

 

Papillon rumbo canarias

Apostamos a que en el regreso sucede lo contrario, pero siempre acaba alguien diciendo: seguro que no, y el resto asiente sin demasiada fe dando por concluida la conversación.

Haciendo bien caso a los consejeros, el motor empuja con alegría el velero mientras el viento casi se deja de sentir, buena señal de la anunciada rolada al norte.

 

No cuesta demasiado llegar a Tarifa, pero es en las proximidades del cabo cuando se empieza a sentir el oleaje, aumenta fuertemente el viento y empezamos a navegar con un través a mas de 10 nudos, mientras el barco galopa entre las olas como un toro salvaje.

 

Al dejar la protección del cabo la marejada ya se establece más fuerte y estable, y el barco parece hacerle frente con toda la clase que se esperaba de él; tan solo media Génova lleva desplegada, y empieza a devorar millas como si tuviera prisa por adentrarse en el océano.

 

La verdad es una navegación emocionante, da gusto ver al barco subir las olas sin vértigo y dejarse caer velozmente tras ellas, mientras aumenta la velocidad y se establece un juego entre él y nosotros. En los momentos más veloces los ojos se clavan en el indicador de velocidad, y al acercarse a las puntas los dos apretamos los dientes esperando ver subir una centésima más para superar la anterior...y uuyyy, casi, pero a ver a la siguiente….¡¡¡¡vamoooos, vamoooos, vamoooossssssss….bieeeenn!!!!! 12 con 4 y nos chocamos las manos en señal de júbilo.

 

Tras unas horas de juego se establece el viento prometido más estable y completamente del norte, la marejada empieza disminuir y las olas ahora nos acompañan, parece que quisieran llegar al mismo sitio que nosotros y llevarnos con ellas, porque nos intentan arrastrar cada vez que nos tocan, pero pasan de largo como diciendo … no os preocupéis… detrás vienen mas compañeras y van donde nosotros….

 

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