Escapar de ningún sitio – Últimos días

 

Al despertar del cuarto día el velero parece haberse detenido, por lo visto, en las últimas tres horas el viento fue bajando paulatinamente hasta casi la calma absoluta, hay que decir que coincide más o menos con el parte que nos paso ayer nuestro equipo de tierra, aunque no consuela  demasiado ya que uno siempre espera que una de esas equivocaciones en la meteo le beneficie algún día. Una vez asumida la situación bajamos las velas, arrancamos el motor y el barco comienza a caminar de nuevo, no va demasiado rápido y el balanceo debido al mar de fondo resulta bastante molesto, no es hasta final de la tarde que se disipará y dejará elmar como una balsa de aceite.

El día transcurre normalmente, el rugido del motor no descansa y al cabo de las horas se empieza a notar en nuestro ánimo, no es que lleguemos a estar decaídos, pero un día entero de motor para alguien que lleva días disfrutando de la vela puede llegar a ser algo desmoralizador. Con cada caricia de viento sentida en el rostro se dibuja una sonrisa de esperanza en nuestras caras, esperando que sople de nuevo una brisa por ligera que sea, pero una y otra vez, la mano sedosa que palpa nuestra piel se aleja de nuevo y no deja constancia de su paso.

Dos turnos de guardia mas cada uno y pasa la noche con el constante ronroneo de la maquina, pero algo empieza a cambiar llegada la mañana en lo que parece ser la superficie de un espejo, entre tanta quietud se aprecian zonas a lo lejos con el agua arrugada, síntoma inequívoco de que sopla al menos una pequeña brisa. En pocos minutos acaba por alcanzarnos, y contentos por el cambio subimos de nuevo las velas, no tarda en convertirse en un viento suave pero estable, y nosotros ya tenemos decidido que 3 nudos es más que suficiente para poder decir quenavegamos, así que culminamos el momento de alegría al apretar el botón de paro y cesa por fin el murmullo de fondo.

Apenas superamos la velocidad a lo largo de todo el día, pero no nos importa demasiado, y aunque lentos son nuestros pasos y largo es el camino, seguimos disfrutando de todo cuanto nos rodea. Alf parece el más agradecido de los tres por el avance sosegado, y lo intenta aprovechar al máximo, durante todo el día corre por la bandas buscando su juguete que cayó por algún sitio en cubierta, le tiene tan bien cogida la medida al barco que ya poco le cuesta encontrarlo y llega cada vez más rápido a solicitar un nuevo lanzamiento. Lo cierto es que ya nada temo cuando anda solo por el barco después de colocar una red por todo el costado, le viene tan bien que ha aprendido incluso a valerse de ella para moverse de un lado para otro. Al salir de la bañera y saltar al puente cuando el barco esta escorado ya no lo hace arrastrando las patitas para frenar, si no que se deja deslizar cual esquiador por una pista de nieve hasta que choca con la red y sale corriendo impulsado tras rebotar en ella, señal indiscutible de su adaptación a la nueva cobertura.

Adolfo dejó unas lentejas en remojo el día anterior, y a un toque de olla exprés preparamos un guiso propio una cena de campaña. Aunque está absolutamente delicioso ninguno de los dos abusamos ya que tenemos planeada una cena para hoy digna de nuestra primera noche buena en alta mar. Prácticamente toda la tarde la dedicamos a dicho cometido, Adolfo como chef y yo como pinche preparamos un manjar que se podría haber servido esa noche en cualquier buen restaurante , Alf por supuesto también tiene su parte, y aunque espera con mas impaciencia que nosotros sabe mantener la compostura.

No queda más que un litro de vino en la garrafa de vino que trajo Adolfo de su pueblo, un crianza que sabe a gloria a cualquiera que sepa de vinos tan poco como yo y tanto como él. Tras la cena la velada se prolonga horas y horas, el viento vuelve a caer de nuevo y llega un momento en que nos encontramos prácticamente al pairo. Nos tomamos la licencia de acabarnos el vino debido a la calma de la noche y la meteo tranquila del último parte, tan solo un último ápice de responsabilidad marineranos obliga a  levantar la mirada al horizonte cada poco durante las pocas horas que dormimos. Al despertarnos a media mañana la situación de abordo dista mucho de ser náuticamente aceptable, así que ponemos orden todo lo eficientemente que podemos y continua el avance tras unos pocos minutos.

Tenemos previsto avistar la isla de Lanzarote esa misma tarde, y a pesar de no ser este nuestro destino nos planteamos la posibilidad de recalar allí, debido a que está prevista una rolada del viento al suroeste que nos impediría llegar a Gran Canaria, en este momento llevamos el viento a un través y nos permitiría entrar esa misma noche en la isla de La graciosa, al norte de Lanzarote, que dispone de un pequeño puerto muy entrañable que bien podría servirnos como punto de llegada al archipiélago.

Entre medio de una conversación importante sobre algo sin importancia, divisamos una nube en el horizonte que parece más opaca que el resto, posponemos la charla para otro momento mientras agudizamos la mirada para distinguir si se trata efectivamente de tierra, tras unos minutos atisbando en lontananza damos los tres un salto de alegría, Adolfo y yo por el avistamiento y Alf por vernos saltar a nosotros pero sin saber bien lo que ocurre. Nos encontramos a casi 25 millas de la isla a rumbo sur, el viento esta soplando del oeste y debería mantenerse así al menos unas 12 o 14 horas más, permitiendo una cerrada ceñida que nos dejaría a unas 20  millas al norte de Gran Canaria, de manera que cuando rolase al suroeste podríamos, aunque apurados, entrar en Las palmas sin demasiadas dificultades. No se habla más del asunto, puesto que ese era el destino eso es lo que intentemos, así que continuamos navegando y poco a poco se va definiendo mejor la isla, navegamos rumbo al suroeste y llega un momento que tenemos a la vista Lanzarote, Fuerteventura y Gran Canaria. Pronto oscurece, y en mitad de la noche nos sorprende la temida rolada del viento adelantándose casi 10 horas, eso nos obliga a dar un bordo al oeste para no quedarnos muy al este de la isla, y tiene que pasar todo el día siguiente y dos bordos mas para llegar al puerto de las palmas pasadas las 12 de la noche.

Una vez dentro del puerto comercial de Las Palmas de Gran Canaria nos cuesta bastante encontrar la marina deportiva ya tiene la bocana de entrada tras la baliza roja del canal principal del puerto, que dejamos por nuestro costado de babor pasando así la entrada inadvertida. Nadie contesta nuestra llamada por radio, y tas un buen rato dando vueltas encontramos el acceso, 10 minutos más tarde y sin ayuda de los marineros del puerto atracamos el Papillon en el muelle de cortesía. Una vez allí nos damos cuenta de que las oficinas están cerradas y no disponen de servicio de guardia por las noches, dando por sentado que el que llega a esas horas intempestivas se amarra solo como pueda una vez encuentra un sitio libre. Por suerte el muelle de espera solo tenía un barco atracado y había sitio de sobra.

Como ordena el protocolo, apenas amarramos la ultima cornamusa, nos duchamos y salimos a tomar una cerveza bien fría en el primer bar que podamos encontrar.

Ver también:

Escapar de ningún titio.

Escapar de ningún titio, Naveganado hacia Canarias

Escapar de ningún titio, se suceden los días.

 

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